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La industria del etiquetado avanza a la par de las tendencias del mercado, cuya proyección a la reducción de los residuos tanto contaminantes como orgánicos, responde a compromisos ambientales y humanos, y deriva, todo un reto industrial.

En base a ello, las imprentas buscan soluciones sostenibles para sus clientes, principalmente del sector alimentario, con el propósito de minimizar los desperdicios. Lanzando al mercado propuestas de etiquetado con bases naturales y comestibles como: fécula de patata, papel de arroz o azúcar, que hayan en él, el interés de la novedad.

Pero, en cuanto a temas de funcionalidad e inocuidad, ¿creéis oportuno que la etiqueta de un vino, de una fruta o de un bote en general, sea comestible? Sólo imaginaos su trayectoria en la propia cadena de distribución, su estancia en los diferentes lineales de ventas, y el adhesivo, cómo olvidar lo tóxico que podría resultar su ingesta.

Estos elementos nos permiten asentar fundamentos para determinar la prudencia o no del empleo de estas técnicas de etiquetado, que únicamente en la repostería, han hallado éxito en su aplicación, bajo estrictas prácticas de inocuidad respaldadas por el eslogan, todo lo que se sirve, se consume. ¡Así que, seamos creativamente funcionales!

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